La noche que Monzón pidió la toalla: ¿Cómo lo convenció Brusa?

Por Cherquis Bialo

La noche que Monzón pidió la toalla: ¿Cómo lo convenció Brusa?

El 2 de junio de 1973, en el estadio Louis II de Mónaco, presenciamos lo que muchos creímos sería la última pelea de Carlos Monzón. El combate fue una lucha constante para él, una muestra de resistencia casi sobrehumana. La revista El Gráfico incluso planteó en su portada si sería su último enfrentamiento. Monzón peleó con una extenuación visible, pero siguió adelante, extrayendo fuerza de cada round como si un espíritu indomable lo impulsara.

El campeón llegó dos horas antes al estadio. Pocos estábamos en su vestuario cuando Amílcar Brusa, su entrenador, le daba las instrucciones: «Déjalo venir los primeros cinco o seis rounds. Usa la izquierda a la distancia y guarda la derecha para el contragolpe. Nada de intercambiar golpes ni acercarte. Y al principio, unos ganchos al cuerpo para que te respete, ¿entendido, Carlos?».

Monzón siguió la estrategia solo durante los dos primeros asaltos, mostrando tranquilidad y seguridad. Pero desde el tercer round, la pelea se complicó. Griffith, el retador, presionó para acortar la distancia, y Monzón tuvo que cambiar su enfoque, permitiendo que Griffith atacara su zona alta mientras él golpeaba el cuerpo. Esto dio la impresión de que Griffith dominaba, aunque Monzón realizaba un trabajo destructivo que, a mi juicio, le daba una ligera ventaja.

En los rounds 4, 5 y 6, Monzón castigó a Griffith con golpes al cuerpo que afectaron su respiración, aunque el público percibía paridad debido a los golpes visibles del retador. La pelea siguió así hasta el final, con momentos de duda y tensión.

Después del combate, el vestuario de Monzón estaba inusualmente silencioso y sombrío. Todos estaban tensos, sin la euforia habitual. Monzón, cansado y serio, se desabrochaba las botas sin mirar a nadie. Nadie se atrevía a hablar del resultado, aunque todos pensaban lo mismo: las peleas se volvían cada vez más difíciles para Monzón.

Ya era domingo en Montecarlo, y en la tranquilidad del amanecer, recordé cómo se desarrolló la pelea. Monzón ganó por puntos, pero fue una victoria que no se sintió como tal. Quizás porque había un sentimiento de que debería considerar retirarse.

Revelaré un secreto guardado durante años. Al finalizar el noveno round, Monzón, extenuado, pidió a Brusa que tirara la toalla: «No puedo más, estoy mareado, estoy muerto». Brusa, su mentor, le respondió: «Carlos, tu hijo Abel te está viendo en Santa Fe, la gente te está viendo. ¿Quieres que te vean abandonar?». La campana sonó para el décimo round, y Monzón, impulsado por esa motivación, se levantó y siguió peleando, logrando finalmente la victoria.

Monzón retuvo su corona y continuó siendo el «rey de los medianos» por cuatro años más. Pero esa noche en Montecarlo, mostró que los campeones siempre encuentran la manera de seguir, incluso cuando parecen derrotados/Derecho al Mentón .

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