Editorial | Primero La Paz


Saquemos el corazón por un momento y dejemos de lado los gobiernos de turno. Dejemos también nuestras banderas políticas, para que por encima de todo flamee una sola: la bandera de nuestro pueblo.

Duele en el alma ver cómo, hablan de nuestra ciudad no solo desde la crítica ,si no como odiando nuestro lugar —incluso hijos de esta tierra— se bastardea, se rebaja , se maltrata y palabra que se le ocurra a nuestra querida ciudad de La Paz. Duele leer comentarios cargados de desprecio, de burla, de odio, hacia el lugar que nos vio nacer o nos abrió los brazos para vivir. ¿Dónde quedó el amor por el pueblo? ¿Acaso no nacimos en esta tierra o no sentimos pertenencia por ella?

La Paz siempre tuvo problemas, anteriormente como cualquier ciudad . Quizás más, quizás menos que otras o hubo gobiernos que estuvo mejor ,otros no tanto , quizás mejoró en algunos aspectos y empeoró en otros . Pero nunca fue tan vapuleada como ahora, y lo más triste es que muchas veces son sus propios hijos quienes la lastiman. Uno no puede evitar pensar que, si La Paz tuviera vida, hoy estaría triste , y seguramente se le caería una lágrima por su mejilla o llorando a mares . Porque ella nos cobijó como una madre y sigue haciéndolo, aun cuando la critican sin piedad.

Es cierto: nuestras calles están agrietadas, el pasto crece sin control, las cloacas rebalsan y hay muchas cosas por mejorar. Nadie lo niega. Pero aun así, yo la sigo amando. La elijo cada día para vivir, por sus paisajes, por sus barrancas, por su río, por su gente. Hablar tan mal de nuestro pueblo es como hablar mal de nuestra madre.

Si el gobierno de turno no hace lo que debería, hagamos nosotros nuestra parte. No tiremos basura para después criticar. Cortemos el pasto de nuestras veredas, que también es nuestra responsabilidad. Pongamos cada uno un granito de arena para que nuestra ciudad vuelva a sonreír como alguna vez lo hizo ,como también si hay eventos o lo que fuere apoyemos ,no porque sean en otro lado serán los mejores.

Algunos saldrán a decir que esto es defender al intendente. No, no defiendo a nadie. Porque, como dice el dicho, ¿quién me defiende a mí? Yo hablo como ciudadano, como hijo de esta ciudad. No me importa quién gobierne: PRO, radicales, libertarios o quien sea. Antes que todo, soy paceño.

Y lo digo con orgullo. Porque no voy a dejar de amar a mi pueblo por culpa de un gobierno de turno. Estas palabras no nacen del enojo ni de la confrontación, sino del amor. Del amor genuino por La Paz.

Como dice una frase que me gusta del amigo César Trachitti: “Si algún día te critico, será para sacarte de tu letargo”. Ojalá aprendamos a criticar con amor y no con el odio que, últimamente, tanto daño nos está haciendo.
Porque La Paz somos todos. Y cuidarla también es nuestra responsabilidad .

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