¿Conocías que Belén,en Cisjordania es mucho más que la ciudad donde nació Jesús ?

Belén, situada a apenas 10 kilómetros al sur de Jerusalén, se menciona en la Biblia como la ciudad natal del rey David, aquel pastor que se convirtió en monarca y que marcó una época en la historia de Israel. Esa conexión con la realeza ya otorgaba a la ciudad un peso simbólico en la tradición judía. Pero siglos más tarde, el nombre de Belén quedaría inscrito para siempre en la memoria del mundo con el nacimiento de Jesús, relatado en los evangelios de Mateo y Lucas. El humilde establo y la estrella que guió a los pastores y a los magos de oriente transformaron este lugar en el epicentro de una de las narraciones más conocidas de la humanidad.

La actual Iglesia de la Natividad se levanta sobre la cueva que, según la tradición, fue el lugar del nacimiento. Es uno de los templos cristianos en uso más antiguos del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Entrar a través de la diminuta Puerta de la Humildad ya es una experiencia simbólica: obliga a inclinarse, recordando a los visitantes la sencillez de aquel momento histórico. En el interior, el punto más venerado es una estrella de plata de 14 puntas que marca el lugar exacto donde, según la tradición, nació Jesús.

Pero Belén no es solo un escenario bíblico, también es una ciudad viva, con mercados que mezclan olores de especias, artesanías de madera de olivo y calles que conservan un aire antiguo. A lo largo de la historia ha estado bajo control romano, bizantino, cruzado, otomano, británico y hoy forma parte de Cisjordania, lo que añade una complejidad política y cultural que el viajero percibe en cada rincón.

Un detalle curioso es que Belén significa “Casa del Pan” en hebreo (Beit Lehem), mientras que en árabe se traduce como “Casa de la Carne” (Bayt Lahm). Dos significados que parecen anticipar su doble rol: lugar de provisión y de sacrificio. Esta polisemia ha alimentado reflexiones teológicas durante siglos, convirtiendo a la ciudad en un símbolo de abundancia y redención.

El viajero que llega hasta aquí no solo recorre un sitio sagrado, sino que se encuentra en un mosaico de culturas, religiones y tensiones históricas que siguen latiendo en la vida cotidiana de sus habitantes. Visitar Belén implica caminar entre lo mítico y lo real, entre lo espiritual y lo terrenal, experimentando la fuerza de un lugar que, a pesar de los siglos y las disputas, continúa siendo punto de encuentro para millones de peregrinos y curiosos.

Y aunque muchos llegan buscando el eco de un pasaje bíblico, lo que se encuentra en Belén es una ciudad que sigue escribiendo su propia historia cada día, en la frontera entre lo sagrado y lo humano./ Jessica Travel

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