Leyendas Urbanas: Hoy Detrás de la Puerta

Detrás de la puerta de mi casa escondía un oscuro secreto. Desde que me mudé al lugar, siempre había sentido una extraña presencia en la habitación contigua. Cada noche, cuando me preparaba para dormir, podía escuchar susurros siniestros resonar en mis oídos.

Al principio, pensé que mi mente me estaba jugando una mala pasada. Traté de ignorarlo, convenciéndome de que no había nada de qué preocuparme. Pero la sensación de malestar persistía, incluso cuando buscaba refugio en mis sueños.

Una noche, mientras me encontraba mirando fijamente la puerta cerrada, decidí enfrentar mis miedos. Me acerqué lentamente, extendí mi mano y giré la perilla. El chirrido de la puerta al abrirse llenó el aire, y lo que encontré del otro lado me heló la sangre.

Una figura oscura y retorcida estaba parada en la habitación. Sus ojos sin vida me miraban fijamente, mientras sus largos y afilados dedos se contorsionaban en un gesto amenazante. Emanaba una energía negativa que me envolvía, haciéndome temblar de miedo y horror.

Intenté cerrar rápidamente la puerta, pero algo me empujó hacia atrás. La entidad comenzó a acercarse, su risa perversa llenando el aire. Mi cuerpo estaba paralizado por el miedo, incapaz de escapar de su agarre invisible.

Desesperadamente, busqué ayuda. Llamé a la policía, a un sacerdote y a cualquier persona que pudiera ayudarme a deshacerme de esta presencia maligna. Pero nadie parecía creerme. Todos pensaban que era una broma de mal gusto o que mi mente estaba jugando trucos conmigo.

Mi vida se convirtió en una pesadilla constante. La entidad detrás de la puerta se alimentaba de mi miedo, acosándome todas las noches. No podía salir de mi casa por temor a lo que pudiera suceder si lo hiciera.

Finalmente, llegó el día en que no pude soportarlo más. Reuní toda la fuerza que me quedaba y enfrenté a la entidad una vez más. Me armé de valor y caminé hacia ella, dispuesto a luchar hasta la muerte.

Pero cuando abrí la puerta, me encontré con el vacío. No había nada allí. La habitación estaba vacía y el aire estaba tranquilo. La entidad había desaparecido sin dejar rastro.

Aunque el terror me había consumido durante mucho tiempo, finalmente había encontrado la paz. La experiencia me enseñó que a veces, el verdadero terror se encuentra dentro de nosotros mismos. Y que solo podemos superarlo cuando nos enfrentamos a nuestros miedos más oscuros.

Créditos Leyendas Urbanas

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