EDITORIAL | LA VIOLENCIA NO TIENE SEXO

Me pregunto por qué, cuando la víctima es un hombre, muchas veces buscamos todas las explicaciones posibles: qué pasó, qué lo llevó a esa situación, cuáles fueron las circunstancias y qué hay detrás del hecho.
Pero cuando la víctima es una mujer, rápidamente aparecen las condenas y los calificativos, incluso antes de conocer toda la historia.
La violencia es violencia, sin importar quién sea la víctima. Condenar un hecho no debería depender del sexo de la persona que lo sufrió.
Hablar de igualdad también significa aplicar el mismo criterio, exigir justicia para todos y permitir que los hechos sean investigados antes de señalar y declarar culpables.
No se trata de quitar importancia a la violencia contra las mujeres, que existe y debe ser combatida. Se trata de entender que también existen hombres víctimas de violencia y que sus vidas merecen exactamente el mismo respeto.
Porque ser hombre no debería significar ser considerado culpable de antemano, así como ser mujer no debería ser motivo para que un hecho deje de ser investigado con objetividad.
La violencia no tiene sexo. Las víctimas tampoco deberían tener diferentes niveles de importancia ante la sociedad y la Justicia.






