EDITORIAL | CUANDO LA IMPOTENCIA SE CONVIERTE EN RECLAMO

La noticia duele. Un adolescente de apenas 13 años fue encontrado sin vida este domingo en los piletones del Parque Juan de Garay, en la ciudad de Santa Fe.
Y frente a una tragedia así, es imposible no preguntarnos: ¿qué estamos haciendo como sociedad para proteger a nuestros chicos?
No se trata solamente de este caso. Se trata de tantos niños y adolescentes que vemos atravesando situaciones de vulnerabilidad, expuestos a la pobreza, al hambre, al frío, a las adicciones, a la violencia y a la falta de oportunidades.

Y cuando hablamos de consumo problemático, aparece otra discusión que como sociedad todavía no hemos sabido resolver: ¿hasta dónde llega la libertad individual y dónde comienza la responsabilidad del Estado de intervenir para proteger una vida?
Porque muchas veces se escucha decir que no se puede hacer nada si una persona no acepta ayuda. Pero entonces, ¿qué hacemos cuando esa persona no está en condiciones de dimensionar el peligro en el que se encuentra? ¿Qué hacemos cuando hablamos de un menor de edad? ¿Esperamos simplemente que la tragedia ocurra?
No alcanza con reaccionar cuando ya es demasiado tarde.
Nuestros chicos necesitan prevención, acompañamiento, asistencia, contención y, fundamentalmente, adultos que estén presentes.
También necesitamos políticas públicas que lleguen verdaderamente a los barrios. Que no se queden en un escritorio ni en un discurso. Que haya equipos trabajando con las familias, escuelas acompañadas, profesionales disponibles y lugares donde quien necesita ayuda pueda encontrar una respuesta.
Señores dirigentes y responsables de gobernar: detrás de cada niño hay una vida, una historia y un futuro.
No esperemos a que una tragedia vuelva a golpearnos para preguntarnos qué podríamos haber hecho.

Miremos a nuestros chicos. Escuchemos su silencio. Acerquémonos. Preguntemos cómo están.
Porque este flagelo no distingue barrios ni clases sociales. Puede atravesar cualquier familia.
Y cuando un niño queda solo frente a una realidad que no puede enfrentar, la sociedad entera debería sentir que algo estamos haciendo mal.
No queremos más discursos después de la tragedia.
Queremos prevención antes de la tragedia.
Queremos respuestas.
Queremos que nuestros chicos estén protegidos.
Porque ningún niño debería sentirse abandonado por su familia, por la sociedad ni por el Estado.






